DEL SANTO CRISTO
El viejo talgo avanza con dificultad por un escarpado terreno en la provincia de Jaén. De pronto, la megafonía se enreda con el traqueteo del vagón anunciando la próxima parada: «Cabra del Santo Cristo». Aun siendo seguramente el único pasajero que abandonará el tren, da por pensar que el topónimo no deja indiferente a nadie. Incluso a uno le estremece un tanto tras dos décadas escuchándolo con regularidad. En cualquier caso, lo cierto es que esta localidad aceitunera de alta montaña hace honor a su nombre: asomada al sur desde una empinada ladera a modo de cabra montés, aunada más allá de la política por una profunda tradición religiosa cuya fe en el santo Cristo abarca su poder para los milagros. Dado los tiempos que corren para una cultura tan encomendada al trabajo del olivo y al sostén de la familia (escasez de agua, precios de mercado por los suelos, más y más casas vaciadas por la emigración…), no parece una mala opción mirar al incierto futuro con tanta confianza en el cielo. En este sentido, y a base de de venir fotografiando la vida local a lo largo de los años, queda la impresión de que el buen vivir que define a este pueblo no se podría comprender de otra manera.