SIN POSTALES DESDE EL ANCHO DE LA FRONTERA

Las imágenes de esta entrada proceden de ambos lados de la región del estrecho de Gibraltar. Esta es una tierra hermosa, una especie de estudio natural para fotografía postal y destino predilecto para un turismo afluente, ávido de calidez mediterránea.

Pero aparte de este paradisiaco montaje UE, las vidas de la gente común transcurren bajo el influjo de la frontera. Aquí la divisoria Norte-Sur simplemente se funde, lo que necesariamente implica un escenario demasiado familiar alrededor del mundo: la lucha de los desposeídos por mejorar su condición humana. En este sentido, el término frontera deja de ser una simple línea en el mapa para transformarse en un arduo camino hacia la plena ciudadanía que bien puede alargarse por generaciones.

Esta especie de territorio es el hogar para muchos gitanos españoles, eternos moradores de las afueras tras siglos intentando encajar sin perder su esencia. O un azaroso entorno para una juventud frustrada, desprovista de cualquier perspectiva legal que no sea alimentar la maquinaria del euro con su pieza más vital: la mano de obra barata. Mientras, al sur del mar, turbias empresas medran con patrocinio europeo añadiendo penuria al ancho de la  frontera. El tráfico humano, vehículo principal del éxodo subsahariano, es una de ellas. O la industria del hachís, estimulada hoy en día por los nuevos canales de exportación abiertos por la inmigración clandestina.  

Granada, España. Emplazadas entre los valores ancestrales y las nuevas libertades civiles, la mujer gitana española tiende a cuestionar cada vez más el papel del tradicional patriarca de vara.

Almería, España. Los gitanos españoles a menudo perciben el absentismo escolar como una postura defensiva hacia un sistema educativo que denigra sus valores tradicionales. Para jóvenes como Miguel, la vida callejera ofrece opciones más aprovechables.

Almería, España. “Mi peligroso viaje desde Níger y estos cinco años intentando encajar en Europa”, dice Abdul, un profesional del street-workout, “son igualmente una cuestión de resiliencia”.

Almería, España. Según Joshortizc, un artista de hiphop y activista local, “el gran poder de la juventud marginada es el mestizaje cultural”.

Almería, España. Una mujer gitana anuncia su mercancía en el mercado dominical de El Puche. La mayoría de los artículos aquí proceden de donaciones o contenedores de basura de la clase media.

Almería, España. Las amas de casa gitanas tienen una bien ganada fama de madres-coraje tras haber sabido salvaguardar como nadie a sus familias de la exclusión social.

Almería, España. Hassan, un mecánico callejero de origen marroquí, se toma un descanso para cuidar de su hijo. Tras años de espera, su familia está finalmente consigo en Europa.

Almería, España. Tras varias décadas ya asentados en el eurozona, la comunidad musulmana local se queja del abandono institucional que sufre la creciente comunidad musulmana.

Aguadulce, España. Joven inmigrante camino de una entrevista de trabajo.

Granada, España. Emil, un giano húngaro, define sus muchos años vagando por Europa occidental como “una incansable lucha por la dignidad”.

Provincia de Al hoceima, Marruecos. La producción de hachís y su exportación a Europa protege a gran parte de la juventud mrifeña de tener que emigrar a Europa. En medio del verano, con las plantas hembra ya fertilizadas, el género masculino ha de ser erradicado de la plantación.

Provincia de Al hoceima, Marruecos. En el concepto hachís, las plantaciones de cannabis han de ser necesariamente inmensas, ya que para la producción de unos pocos kilos de la valiosa resina se precisan sobre cien kilos de planta.

Ouchda, Marruecos. Muchachas subsaharianas llevan agua potable al bosque donde acampan en espera de seguir camino hacia el norte. Aunque estos lugares en las afueras están pensados para proteger a la inmigración más vulnerable, persisten bajo el constante acecho de traficante humanos.

Ouchda, Marruecos. Tras su “espeluznante” travesía del Sahara, una joven nigeriana considera seriamente regresar a casa. “Nunca imaginé”, dice, “lo que nuestros hombres podrían ser capaces de hacer con nosotras”.

Ouchda, Marruecos. Aun admitiendo su terror por el mar, Marie, una inmigrante Nigeriana, vive “convencida” de que tanto ella como sus hijos alcanzarán pronto Europa.

Monte Gurugú, Marruecos. Jóvenes subssaharianos acampan a tiro de piedra de la valla de Melilla.

Monte Gurugú, Marruecos. Dos emigrantes subsaharianos poco después de un encuentro con las fuerzas de seguridad marroquí en su intento de saltar la valla de Melilla. Mientras uno de ellos acabó con un brazo roto, su compañero consiguió arrebatarle una gorra a uno de los agentes.

Monte Gurugú, Marruecos. Un joven camerunés se asoma del agujero donde lleva meses pernoctando tratando de evitar a la seguridad marroquí.

Motril, España. Emigrantes africanos tras haber sido rescatados en alta mar.

Motril, España. Las banderas andaluza, española y european ondean al fuerte viento del sur. ©flc54

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