CABRA DEL SANTO CRISTO

Tras unas largas horas de viaje, el tren se interna en un terreno más escarpado por el que va ascendiendo a la meseta entre barrancos y olivares en pendiente. Y es entonces cuando la megafonía estalla en el vagón con el anuncio de un próxima estación que suena a fin de trayecto irreal: “Cabra del Santo Cristo”. Pero este pueblo de Sierra Mágina, y más en Semana Santa, es tan perfectamente real que no toma mucho comprender lo bien que le sienta el nombre: remoto y encaramado en las alturas, a modo de cabra montés, y volcado en una sentida veneración cristiana que luego pervive a lo largo del año con un apretado rosario de muestras de fervor popular. Lo cerca que parece del cielo este vergel aceitunero invita a pensar que el propósito esencial de tanta devoción podría ser amparar de los elementos el frágil ciclo vital del olivo de montaña.  ©flc54

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